Evolución de la guerra antigua – parte I

Restos de la masacre de Nataruk (Kenia). Izquierda: Cráneo de un hombre encontrado bocabajo en los sedimentos de la laguna. El cráneo presenta múltiples lesiones consistentes en heridas por contusión. Derecha: el cráneo in situ. Foto: Marta Mirazón Lahr

Uno de los dilemas más importantes sobre la guerra es determinar si se encuentra de manera intrínseca en la especie humana o si bien nace de la escasez de los recursos y la elevada densidad demográfica. Para esclarecer estas dudas, se estudia la guerra prehistórica.

Antes de la aparición de la escritura, los conflictos violentos tenían ciertas diferencias con lo que se considera una guerra propiamente dicho. Por un lado, los conflictos antiguos no se pueden estudiar de fuentes escritas, y por otro lado, no hay evidencias de ejércitos ni de la existencia de una élite militar dominante.

Para deducir como pudieron ser los combates prehistóricos se establecen paralelismos con la lucha endémica de ciertos pueblos actuales. En ellas, las tribus atacan a los grupos vecinos y toman por la fuerza territorios y bienes de otros grupos. Durante estos ataques, se realizan violaciones y rapto de mujeres. Ciertas tradiciones bélicas de grupos humanos determinan rituales, tabúes y prácticas para limitar el número de víctimas y la duración del enfrentamiento. Eso implica cierto grado de gestión de los ataques en términos de coste. También existe una gestión de la defensa, ya que algunas tribus amazónicas como los yanomamis levantan fortificaciones en el poblado.

Las evidencias muestran que los enfrentamientos entre grupos humanos han estado presentes en la raza humana prehistórica. Los conflictos grupales con incidencia violenta se presentan por diferentes restricciones de los recursos naturales. En una sociedad cazadora-recolectora, el humano necesitaba desplazarse cuando se agotaban los recursos de una zona en concreto.

El estudio de 21 sociedades recolectoras por parte los investigadores Fry y Söderberg muestra que la distinción entre antiguos guerreros o meros asesinos depende de los motivos por los que la disputa se organiza. En este estudio, más de la mitad de las agresiones letales fueron perpetradas por individuos solos y unas dos terceras partes de las muertes resultaron accidentes, disputas interfamiliares, ejecuciones intragrupales o motivos interpersonales como competición por una mujer en particular. Estos indicios sugieren sobretodo que las bandas en las sociedades recolectoras cometían más bien asesinatos y no ataques a gran escala y menos aún guerras.

Más allá de los asesinatos, restos de 10.000 años A.P. (antes del presente) indican que en África y en Europa existieron episodios de ataques entre humanos tipo masacre “localizados y restringidos en el tiempo” durante el mesolítico y principio del neolítico.

Esqueleto de una mujer en Nataruk, Kenia. Cuando se encontró, la mujer estaba reclinada en el codo izquierdo y presentaba las rodillas fracturadas. La posición de las manos sugiere que podrían haber estado atadas. Foto: Universidad de Cambridge

Los restos de conflicto a gran escala más antiguo fueron encontrados en Kenia. Restos de 10000 años de antigüedad correspondientes a 27 humanos incluyendo 8 mujeres y 6 niños fueron hallados en Nataruk, alrededor del lago Turkana, por el equipo de investigadores de Evolución humana del Centro Leverhulme de Cambridge. Los restos humanos no habían sido enterrados y al menos 10 de ellos presentaban signos de una muerte violenta, como traumatismos en el cráneo, pómulos, frente, rodillas, manos y signos de lanzamiento de piedras y flechas. Algunos cuerpos cayeron bocabajo en una laguna que se secó y cuatro cuerpos parecían haber sido atados con las manos a la espalda. Una de estas víctimas estaba embarazada en los últimos meses de gestación, ya que se encontraron huesos fetales. Aparentemente parte de las heridas fueron producidas con obsidiana, ya que se encontraron restos en los cuerpos. Esta cacería humana tuvo lugar al lado de una laguna y podría haber sido motivada por el control de los recursos pesqueros y agrícolas de la zona.

En Europa, las escenas de caza de arte rupestre incluyen también la “caza de grupos humanos” e indican comunicación al grupo sobre la táctica para acorralar al grupo contrario. En la Cova del Roure, Morella la Vella, Castellón, de entre 7200 y 7400 años de antigüedad, las pinturas muestran tres arqueros rodeados por un grupo de otros cuatro. Otra batalla más grande, e incluso puede que más moderna, del neolítico temprano, está dibujada en Les Dogue, Ares del Maestrat, Castellón también. Ésta escenifica once arqueros atacados por diecisiete corredores. Otra representación en Val del Charco del Agua Amarga, Aragón, siete arqueros con plumas en la cabeza están disparando a un grupo de arqueros que huyen a pie.

Pintura prehistórica de la batalla entre arqueros en la Cova del Roure, Morella la Vella, Castellón. Datado del mesolítico tardío, titulada “la imagen de combate más temprana que nos ha llegado” (a pesar de que no es posible una datación precisa). Bibliografía: Keith F. Otterbein, How War Began (2004), p. 72f. Žiga Šmit, “Archery by the Apaches – implications of using the bow and arrow in hunter-gatherer communities”Documenta Prehistorica XLIII (2016), p. 516.
Foto por Eduardo Hernández Pacheco – Hernández Pacheco, Eduardo (1924): «Estudios de arte prehistórico, Prospección de las pinturas rupestres de Morella la Vella». C. de I. P. y P., Madrid, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=1294838

Estas escenas indican que la guerra temprana estaba influenciada por el desarrollo de arcos, mazas y hondas. El arco parece haber sido el arma que permitió la organización de ataques sin riesgo para el atacante. Las primeras ilustraciones de dos o más grupos de hombres atacándose están representadas por arqueros, con lo cual son las descripciones de batallas organizadas más antiguas conocidas. Algunas de las pinturas incluyen tácticas como maniobras de flanco o ataque envolvente (flanking) y de “ensobrado” o envelopement, consistente en atacar la retaguardia desorganizando una posible retirada táctica del enemigo.

Por otro lado, los estudios sobre genética humana determinan que 7000 años atrás la población masculina decreció a un hombre por cada diecisiete mujeres. Es lo que se conoce como cuello de botella. Esta reducción de la población de hombres podría estar relacionada con el patriarcado.

Sin embargo, con la aparición de la sociedad agraria y el sedentarismo, aparece una lucha endémica. También es entonces cuando aparecen los ataques sistémicos por la tierra aprovechable, de la que se excluían a los pueblos cazadores-recolectores. La constancia de ataques de este periodo está asociada a restos humanos que presentan muertes violentas, como la fosa común de Talheim (5500 A.C.), con 34 cuerpos apilados a os que mataron de un golpe en la sien izquierda. Para protegerse de los ataques, aparecen las tácticas defensivas como situar los poblados en colinas elevadas u otros lugares difíciles de defender.

En resumen, varios expertos concluyen que el poder destructivo de nuestra especie no radica ni en nuestros genes. La violencia entre iguales se desprende de la concepción del ataque y su despliegue táctico así como de la comunicación y coordinación grupal, en un principio destinados a la caza. Cuando los recursos naturales son escasos o cuando la densidad poblacional es muy elevada, estas estrategias se utilizan para combatir entre grupos de iguales. La consecuente aparición de las estrategias defensivas provoca el estudio más profundo de los ataques hasta que aparecen las élites militares.

En la segunda parte de este tema hablaré de estas élites de las que queda constancia en la Guerra durante la Edad de los Metales

Referencias:

Para saber más:

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